Reflexiones por la erradicación de la pobreza

Con motivo del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, la profesora Eva ha realizado una sería de tutorías entre el alumnado de secundaria compartiendo la experiencia que ha tenido este verano en un voluntariado en Etiopía.

La experiencia contada en primea persona ha removido muchas conciencias en el alumnado. A continuación, una muestra en forma de relato:

“Desperté a causa de la incomodidad que hacía que mi espalda se resintiera.  Llevaba ya bastante tiempo intentando conciliar el sueño en aquello que debía de ser mi cama, pero que por alguna razón ahora me causaba una insoportable molestia al sentir todos y cada uno de sus alambres, además de una sensación de suciedad jamás experimentada hasta entonces.

Tras mi fallido intento de a llegar a descansar unas horas más, por fin llegué a abrir los ojos para así saciar mi necesidad constante de situarme cronológicamente. Para mi sorpresa, al abrir los ojos no me encontré con mi entorno habitual, ni con mi rutina, ni con el mundo en el que vivía, ignorante. Ni siquiera pude llegar a dar con mi reloj.

No desperté en mi añorado cuarto, sino en una pequeña choza mal construida, para nada higiénica y con un horrible colchón por cama. Al mirar hacia arriba casi pude sentir que el techo se derrumbaba sobre mí y al mirar hacia abajo pude descubrir que mi vientre había aumentado notablemente y mis caderas eran ahora más anchas, haciéndome sentir la presencia de una nueva vida bien resguardada en mi cuerpo. Sólo catorce años y ya estaba embarazada.

Al dirigir mi vista hacia una de las esquinas de aquella claustrofóbica choza, pude hallar a mi madre. Aseguro sin ninguna duda que jamás la había visto en aquel estado. Harapienta, flaca, completamente desgastada. Con su brazo derecho abrazaba sus dos encogidas piernas y con su mano izquierda sujetaba temblorosamente un frasco con unos pocos medicamentos antidepresivos.

Al acercarme pude contemplar con mayor detalle sus ojos. Esos preciosos ojos siempre rebosantes de amabilidad y amor, ahora hundidos en la tristeza más profunda que puede haber sentido nadie nunca. Por primera vez en mi vida pude percibir que era completamente responsable de mi madre.

Inmediatamente después mi mente fue dominada por la inconfundible figura de mi hermano.

Salí rápidamente de allí a pesar de las intensas punzadas que padecían mis pies descalzos y callosos. Pronto estos palparon una viscosa y para nada agradable textura. Al observar el suelo y todo el paisaje que este cubría, pude verificar que se trataba de barro. Estaba presente en absolutamente todos los rincones del lugar y hacía de este un sitio agobiante y monótono, en el que todo parecía cobrar un tono grisáceo. Ya que lo que en él hallaba se encontraba en el mismo ruinoso y deteriorado estado.

Indescriptible fue el dolor que sentí al ver a mi hermano formar parte de todo este continuo caos. Jugando con lo que apenas parecía una pelota, botándola una y otra vez pero al mismo tiempo tratándola con delicadeza, cual valioso tesoro. Seguía disfrutando del momento, indiferente, con una plena sonrisa. Como si estas condiciones en las que vivía fueran normales, como si en su corazón no fuese a hallar más ilusiones que el simple hecho de seguir con su ingenuo juego.

Seguidamente vino a mí en busca de comida. Yo no pude satisfacerle debido a la completa ausencia de ella.

En un instante pude ver como mi hermano moría de hambre en medio de un intenso sufrimiento, dejándome a mí sin tiempo alguno para reaccionar o pensar en una solución.

Y antes de que mis ojos pudieran derramar una sola lágrima por todo lo ocurrido, desperté de lo que había sido una pesadilla.

 

Únicamente se necesita un nombre y una historia para al fin ver la verdadera situación por la que están pasando muchos de los niños y niñas del mundo. Historias impactantes pero reales.

Únicamente necesitas una gota de empatía para realmente imaginarte como protagonista de estas miserables historias.

Y únicamente es necesario un poco de iniciativa y humanidad para hacer menguar esta pesadilla que ahora forma parte de la realidad."

Laura Expósito Armario (3º de ESO)

 

 

 

 

 

 

 





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